EL MAL NACIONAL DEL “¡RESUELVA Y MÁS NADA!”

“Hay que resolver”, esa expresión, ese verbo, “resolver”, más que un verbo común y corriente dentro de la lengua castellana, es expresión fundamental de una estructura de pensamiento nacional corrosiva, base de una gran parte de nuestros males como nación. Por “resolver” se recurre a los “caminos verdes” (otro famoso término nacional), cuyo mercado de servicios, incluye el pasar por encima de toda instancia, procedimiento y ley existente para “resolver” un problema de golpe, una situación urgente, que no se presentó urgente en un principio, sino que se volvió urgente por negligencia de quien ahora tiene la necesidad de “resolver”; y es allí, donde radica la improvisación para todo, en todos los ámbitos y espectros de acción de nuestro país, Venezuela: En la falta de planificación, en pensar que todo lo podemos “resolver” a última hora, incluyendo situaciones con la pareja, con los hijos, los padres, amigos y demás. Procastinación criolla.
Indudablemente que este es un punto de vista personal, meditado a profundidad, escudriñando en los espacios de la consciencia que con mucha fatiga he logrado mantener y cristalizar en medio de la tormentosa vida salvesequienpuedistavenezolana. En esa circunstancia determinada, cuando se necesita “resolver”, es donde nace la trampa: Buscas al gestor, al “contacto”, que está acostumbrado a vivir de “resolverle” los problemas a los demás cobrando su cuota parte del ejercicio de este mecanismo venezolanísimo de corrupción. Está en el inconsciente colectivo, que todo lo podemos resolver y solventar a última hora, y eso nos pone en desventaja evidente con el mundo.
Esperar que “la sangre llegue al río” es nuestro pasatiempo, pero nos colocamos a nosotros mismos frente a la espada y la pared.
Amplio conocido es, que una sociedad planificada logra objetivos a corto, mediano y largo plazo, fomenta su identidad, acrecienta la calidad de vida de sus ciudadanos y emerge económica y socialmente, pero esta planificación pasa por el individuo, y nuestra educación obsoleta y poco práctica, aunada a mapas mentales de fracaso, derrotismo y estancamiento deben ser cambiados de raíz, cada familia debe meditar al respecto, y evitar castrar a sus hijos con frases, aforismos y sentencias tradicionales destinadas a mutilar la creatividad.
“¡No inventes!” le dice la madre o el padre al hijo pequeño mientras explora el mundo en edad temprana, sentencia cruel, despiadada, bruta y desalentadora para cualquier criatura pensante.
El paradigma nacional de marginalidad, de la gente que no tiene casa porque el gobierno “no la ayuda”, es urgente cambiarlo, nos estamos hundiendo en una espiral de abandono, absurdamente, la vida perdió sentido para muchos, la fatiga por sobrevivir se sobrepuso a la voluntad de vivir. Hemos de recuperar la salud mental nacional, el venezolano requiere terapia intensiva, y esa terapia debe hacérsela a si mismo.
Se empieza por pasos cortos, y cada quien que sepa o al menos tenga idea de sus problemas, puede hacer algo al respecto, sin necesidad de que un político (que tiene mayores problemas psicológicos) venga a decirle que hacer.

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